Eran más de las doce, y aún seguía en el despacho trabajando, no tenía nada mejor que hacer ya que nadie le esperaba en su casa.
Se levantó y cerró de un golpe el cajón de su mesa. Decidió marcharse a su casa, cogió su maletín y se fue.
No vivía lejos, y se fue andando.
Era una noche de primavera, pero fría, llegó a su casa y se sentó junto a una estufa.
Abrió el mueble bar, y sacó una copa de cristal y una botella de vodka del caro. Se sentó a beber mientras pensaba en su vida.
Estaba harto de su trabajo de abogado de oficio, de que su ex-mujer lo dejara a la primera de cambio sin hablar sus problemas entre ellos, de que no fuera feliz.
Hacía años que no cogía vacaciones, decidió que era hora y pensó a dónde ir. Cogió el globo terráqueo y lo giró, puso el dedo y allá donde paró, se marcharía.
Hizo las maletas, encargó un billete y a la mañana siguiente se marchó. Antes llamó a su jefe y le pidió las vacaciones. Se las dio, ya que hacía años que no tenía.
A las once de la mañana cogió el avión hacia Grecia.
Por fin ha llegado el momento que tanto tiempo llevo esperando. Me voy a Grecia. Así terminaré mi último año de carrera alli´. Ahora me vienen recuerdos de mi infancia de cuando empece con historia greco-latina las cuales me ayudaron mucho a la hora de entender su morfología y su lengua, y acabando por comenzar una carrera en la cual me siento muy agusto. Hoy me ha llegado la carta, no me puedo creer que me hayan concedido la beca allí. Para poder terminar . Es como un sueño echo realidad. Voy a añorar mucho a mi pueblo Weissenbach, pero sobre todo echaré de menos a todos mis amigos de la Universidad de Heïdelberg con los que he compartido tanto, todas sus fiestas, sus rincones en los cuales podías perderte y sin embargo no paras de disfrutar. Será la primera vaz que me vaya tan lejos de mi familia, pero no será por mucho tiempo. Me pregunto cómo será esa Universidad de Atenas. Estoy acostumbrada a la de aquí con su fachada antigua, sus muebles antiguos, la biblioteca en la que al entrar te da un aire de sabiduría que te invita a pasar, sus aulas donde todo parece cobrar vida propia, sus jardines en los cuales nos tumbamos a descansar, a pasar un rato entre amigos.... En fin , voy a empezar a hacer la maleta porque mañana cojo el vuelo que sale rumbo a mi nueva vida.
Los oscuros callejones de Londres bajo la luna eran como un laberinto inmenso.
J .J. Smith, el detective más ágil de todos, se encontraba en la antigua ciudad, persiguiendo a un ladrón de bancos que había causado estragos en muchas ciudades de Inglaterra.
El ladrón salió de los callejones, y sin darse cuenta de que le seguían los pasos, se adentró en Hyde Park.
J.J. Smith esperó a que la oscuridad de la noche se lo comiese, para pillarle por sorpresa.
El detective se movió muy ágilmente sin hacer ruido, sin que incluso los gatos con su vista felina se percataran de sus movimientos.
El ladrón se giró porque notó que alguien le observaba, pero al hacerlo un puñetazo impactó sobre su cara.
Smith se dirigió con el ladrón al lugar en el que había quedado con el señor que que le pagaba por sus servicios.
El detective cogió el dinero y se fue, no sin antes matar a los dos individuos que se encontraban allí. Sabian demasiado...
J.J. Smith totalmente vestido de negro salió de la casa y se perdió entre la multitud.
Era de noche. Llovía. Por suerte, dentro de la Biblioteca Nacional de Atenas, no. La biblioteca abría por las noches debido a la época de exámenes. Había mucha gente estudiando a esa hora, pero esto no fue un impedimento para que Heiki Honer siguiese con sus objetivos. Cogió un libro de Iconografía Clásica y otro de Mitología. En una de las mesas de la biblioteca se acopló Heiki. El joven comenzó a hojear los libros que había tomado de la estantería. Buscaba concienzudamente en ellos como si su vida fuese en ello. En verdad, no tenía muy claro lo que tenía que buscar. Sabía que estaba relacionado con la antigüedad y los dioses mitológicos. Heiki metió una mano en el bolsillo de su cazadora y sacó un papel doblado. Lo desdobló y lo dejó encima de la mesa. En la nota estaba escrito lo siguiente: Armadura de Atenea, diosa griega.
Buscó en el diccionario de mitología el nombre de Atenea y allí lo encontró. Ponía muchas cosas sobre la diosa griega de la guerra pero en lo que Heiki se fijó concretamente fue en la imagen de una estatua de la diosa. En la imagen salía la diosa vestida con una armadura color oro. Heiki, sin perder un solo segundo, sacó su movil que por suerte tenía cámara, e hizo unas fotos al libro. Acto seguido, cerró el libro y, dejandolo en la estantería, salió rápidamente de la biblioteca hacia la noche lluviosa.
Brooke no podía dar más de sí. Había estado corriendo durante media hora por Tacoma, el aeropuerto internacional de Seattle. Acaba de regresar a su ciudad natal y en apenas dos días ya se había metido en líos y tenía que huir de nuevo. No había tenido tiempo de visitar a su familia. Hacía dos años que no los visitaba. Sus viajes por los países asiáticos habían sido demasiado largos. Fue allí, en Pekín donde conoció al que pronto sería el causante de todos sus problemas. Tenía que coger un avión, no importaba el destino. Se decidió por Grecia. Heiki le había contado mucho sobre el país mediterráneo. Atenas sería una bonita ciudad donde perderse. Sentía cierta curiosidad y aún no la había visitado. Seguramente allí no la encontraría su exnovio.
¡Corre! Alguien ha activado la alarma.
Y después de correr unas manzanas de la ciudad, Andrius se paró enfrente de la puerta de su casa y pensó:
"Pronto me empezarán a llamar el moscardón de Siauliai como a Sócrates lo llamaban el moscardón de Atenas"- soltó una risita y se metió en casa.
Me senté en el sillón, puse la música y cogí el teléfono y llamé a Vilius que estaba conmigo en el sabotaje de la entrada del Ministerio.
-Bien hemos saboteado la puerta ya no podrán entrar- dije.
-Bien, bien, pero te va tocar irte rápido o la pasma te va a trincar.- contestó Vilius
-Vale pues ¿A dónde me voy? -dije
-Corre, ven a mi casa y te doy el billete de avión que tenía para irme a Grecia-dijo Vilius.
-Vale, voy ya-dije y salí de mi casa.
Cuando me desperté, empapado de sudor con la sangre hirviéndome, el corazón a mil por hora, me sentí agobiado, pero por primera vez en mucho tiempo me encontré libre.
La salvaje y dura caminata por la selva amazónica, había acabado con casi todas mis fuerzas. Las sanguijuelas en mi torso absorbiéndome la sangre, las pequeñas garrapatas comiéndome la piel y la presión atmosférica en continua lucha con mis pulmones por conseguir oxígeno.
El camino por la jungla, estaba plagado por toda case de peligros. El primer día, lleno de júbilo ansiando libertad, corría por el Amazonas sin rumbo fijo, sin percatarme el sitio donde me hallaba.
El segundo día caminando y buscando alimento, hallé a lo que los Tikuana llaman Anón amazónico, éste, fruta tropical me proporcionó las escasas vitaminas que ansiaba mí cuerpo.
El tercer día anonadado por las altas temperaturas ecuatoriales y la gran abundancia de humedad hacían que mi cuerpo desvariase. Lo peor de todo es que llevo en esta selva más de seis meses y todo por culpa del no muy claro pasado. No se quien había hecho ese desfalco en las cuentas económicas, que me habían perjudicado mucho. La extracción robada sobrepasaba los mil millones de pesos (3 millones de euros).
Hoy en día estoy a más de dos semanas de camino y les saco ventaja pero no estoy seguro, hasta no salir de este lugar.